Halajot
Carne y leche: por qué no se mezclan
La separación entre carne y leche es uno de los pilares más conocidos del kashrut. Te explicamos su origen, sus alcances y cómo se aplica en la práctica.
"No cocinarás un cabrito en la leche de su madre." Ese versículo aparece tres veces en la Torá, y de esa repetición la tradición oral sacó una prohibición triple: no cocinar carne con leche, no comerla mezclada y tampoco sacar ningún provecho de esa mezcla.
De ahí sale la división de todos los alimentos en tres grupos que cualquier persona que sigue el kashrut maneja de memoria: cárnicos (carne y derivados), lácteos (leche y derivados) y parve (todo lo que no es ni una cosa ni la otra: frutas, verduras, huevos, pescado).
Y esto no se queda en la teoría. En una cocina kosher observante los utensilios, las ollas, los platos e incluso el lavavajillas se dividen en dos juegos, uno para carne y otro para leche, porque el calor y el uso repetido hacen que los sabores y las partículas pasen de una superficie a otra. También hay que esperar entre comer carne y comer lácteos (el tiempo varía según la familia, generalmente entre una y seis horas), mientras que para pasar de lácteos a carne alcanza con enjuagarse la boca y comer algo neutro en el medio.
Por eso tantas etiquetas llevan una letra chiquita junto al sello de certificación: "D" para dairy (lácteo), "M" para meat (cárnico) o directamente "Pareve". Con solo mirar esa letra, sabés al instante si podés combinar ese producto con lo que estás por comer.
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